lunes, 12 de mayo de 2008

CORAZÓN TIERNO

El corazón se ha acorchado con los años. Demasiadas salidas a la intemperie han secado sus bordes y han oscurecido su color. No es un mal pasajero. Parece, simplemente, irreversible. Los especialistas, sin embargo, nunca se arriesgan a hacer pronósticos definitivos: bajo la capa exterior apergaminada, de grosor indefinido, late el mismo órgano que un día se formó en directo contacto con el líquido amniótico.

Alimentándolo, de alguna manera que aún ignoro, dicen que crece por dentro, blando, fresco, rubí. Y dicen que acaba por romper la corteza seca de los años al viento y la tormenta. Y asoma como un animal recién nacido desde la grieta para sembrar el aire de un olor a sangre nueva. Le garantizo posibilidades de supervivencia. A malos tiempos, una retracción sencilla lo vuelve a colocar en su lecho protegido, ronroneando, casi roncando placenteramente a la espera de un momento favorable. La llamada de un rayo de sol cálido es suficiente para desperezarlo. Una sucesión de entradas y salidas consiguen "ponerlo en forma". Después de todo no deja de ser un músculo, proclive al entrenamiento.

Cabe esperar, sólo, que este viejo-nuevo corazón-paloma, no equivoque las estrellas por rocío, ni la calor por nevada.

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