martes, 3 de junio de 2008

PAREJITAS

Parto de la base de que soy de las que, a la menor duda, compro unos zapatos si la vendedora me sonríe. Es decir, soy bastante sensible a las actitudes del "personal de servicios". Por eso sufro tanto cuando me toca enfrentarme a "las parejitas".

Parejita A: las cajeras del hiper.

Una de ellas está excesivamente pintada, la otra es como un ratoncito gordo y tímido. Ambas, como yo misma, inclementemente tratadas por la luz de neón verdoso de la tienda. La pintada es la que me atiende a mí. Pasa por la caja varios precios rápidamente y, cada tánto, se vuelve hacia atrás para charlar con el patito feo, ralentizando sin pudor el resto de la operación: "Y la dije que, porque no iba yo caliente, que si no la arreo un tortazo que no la reconocen en su casa". El objeto de sus furores pasan a ser, en ese momento, dos botellas de Chardonnay navarro que bajan por la rampilla de la caja como si pretendiera que acabaran en la cabeza de alguien. (Me pregunto en ese momento si, una vez leído el código de barras, el coste de rotura de las botellas correría a mi cargo).

Termina, por fin, el paso por caja, a trompicones, de mi compra. Me suelta con la mano izquierda un burruño de bolsas de plástico de esas que no se despegan ni a la de tres. Y me lanza una mirada que yo interpreto como "Anda, bonita, espabila que mira como tengo la fila" . Pero no me ayuda a empaquetar. Se vuelve hacia su triste y eficiente compañera: "El Luis se puso como un tomate. Que se vaya enterando, que yo ya soy muy larga pá que me los pongan delante de mis narices". Y da golpecitos con el boli, encima de la cuenta y la tarjeta de crédito.

Porque no iba yo caliente que, si no, le hubiera dicho algo.



Parejita B: las peluqueras.

Tengo la cabeza llena de papelitos de plata de los que penden mechones de mi pelo que, a estás alturas, no recuperará nunca su color natural. En estas ocasiones abomino de los decoradores de peluquería en cadena que se empeñan en abrir estas denigrantes manipulaciones a la vista del público a través de enormes escaparates. Cuando la peluquera me permite ponerme las gafas, entre crujidos de papel albal, me enfrento a un Diez Minutos de la semana pasada, en el que las declaraciones de uno ya están ampliamente superadas por la respuesta de la otra en el número de esta semana, y a la colección otoño-invierno del 2006 de un Vogue despaginado.

La peluquera lista lleva pelo rojo -cómo no- y un flequillo de un sólo mechón que le baila en la nariz. Es la que pone el tinte con una brochita, con la precisión de una máquina. La meritoria lista aún lleva sólo grandes mechas rojas y el pelo como disparado hacia arriba. (Si hubiera sido por la muestra, jamás hubiera entrado en este nido de estilistas). "Pero si tenía cuatro pelos, cómo le iba a hacer un recogido para peineta. Le subí la parte de delante con lo que pude y le planté esa flor tan hortera detrás". "Pues anda que la novia, venirse aquí a que le arregláramos el tinte casero. Hay que ser cutre. Sólo había que ver la bandeja de pasteles del Ahorra Más que nos trajo para celebrarlo". En medio de la conversación, sin previo aviso, la peluquera lista mira el reloj y dice que se va a comer mientras delega el pincel en la meritoria que, ruego al cielo, sea tan lista como me pareció al principio.

Por la tarde, la siguiente clienta-paciente sabrá sin duda que tengo una pequeña calva al lado de la coronilla, un remolino al lado del flequillo y mis propinas son una ofensa.



Parejita C: las/os azafatas/os

El vuelo sale, gracias al retraso, a esa hora incómoda en la que es demasiado pronto para comer y demasiado tarde para evitar una sensación de hambre voraz. Hay un menú en el bolsillo del asiento y todo me parece demasiado caro pero demasiado apetitoso también. En particular, un bocadillo de aspecto crujiente con gruesas lonchas de jamón cocido y queso emmental desparramándose por los bordes. Adjudicado. Y espero, con la impaciencia que dan las inmensas ganas de llenar el estómago, a que pase el carrito.

El avión es pequeño e incómodo, estoy segura de que hay poca gente dispuesta a dejarse la fortuna en apresurados almuerzos aéreos... pero tardan una eternidad en llegar hasta mi puesto. Ella lleva un moñito muy atildado y unos labios recién "colagenados", no cumplirá los 35 (y no precisamente porque crea que el avión va a estrellarse). Él no ha cumplido los 30. Es un poco amanerado. Muestra con cierta altivez un corte de pelo y una cara recien afeitada que le dan un aspecto impecable.

Llevan tánto tiempo preparando el zumo de tomate de la del asiento de delante que ya me siento familiarizada con sus avatares laborales. "Bruselas es un horror. Acabé hartísima de "moules" y cerveza. Y ¿qué me dices de los eurodiputados? Todo el día apagándoles los móviles, los portátiles, las PDA como si fuera un congreso de informática". "Hice Sao Paulo en febrero. Mes y medio. Brasil es lo más". "Uy, sí, pero cansa. Yo prefiero Jamaica".

Han llegado por fin a mi fila. Pido sonriente mi bocadillo intentando controlar la impaciencia. "Sólo tenemos sandwiches de queso". Oh, no. "¿Marco, puedes traerme uno de queso?" Y lo trae, envuelto en plástico, con aspecto húmedo. La cerveza también tiene que traerla Marco de la trastienda. Están ofendidísimos conmigo por interrumpir su conversación.

Cuando el carrito ha llegado al final, apenas he conseguido desenvolver mi penosa comida, pero ya me he salpicado al abrir la lata de cerveza. Anuncian que el avión va a aterrizar y ya todo son prisas para Marco y la veterana. Me arrebatan la lata casi llena. Y, sin pensarlo, estiro la pierna izquierda hacia el pasillo. La caída aparatosa de la azafata sobresalta -y divierte- al pasaje. Su moñito sobresale en el suelo del pasillo. Marco la ayuda a levantarse aguantando la risa.

Me temo que esto va a ser una ruptura en toda regla de una "parejita".

3 comentarios:

JL. Seisdedos dijo...

Ja, ja... ¡qué bueno! ¿Podemos encargar más de este género?

Nekane dijo...

Tranquilo. Estoy cargada de deseos de venganza literaria.

JL. Seisdedos dijo...

Buff, con muchos post como este te vas a quedar levitando... :-)